martes, 30 de marzo de 2021

 Esto no es una elegía, más bien el preludio de mi desgracia,

aquí, donde el ceño se frunce y la sonrisa grita

aquí donde la mirada perdida es el disparo del alma.


¿Qué es la vida sino el martirio de quien no se encuentra?

Hay quien recita su don de amarse, 

de hallarse en lo profundo; 

mientras a otros en cambio, 

se nos deslizó por la borda el vicio de vivir.


Pero en mi pesadumbre de la vida inconsciente,

el pensamiento constante del fin de la existencia, 

rompe el raído morral de la lucha.


Tu voz es el hálito de mi alma halando de la manga,

pidiendo un abrazo.

Nada me regocija como tus ojos, 

las dos brillantes almendras que se abren de par en par,

a parir luz a mi mundo.


Te abrazo y regresa el espíritu inquieto. 

Despierta en mí, el misterio de las entrañas, 

como el recordatorio de la razón del amor.


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